Darle apenas voz a la palabra – Hugo Mujica

A propósito de la presentación de Otros bordes, otras luces (2013), una antología poética de Hugo Mujica publicada por Hum hace algunos años, el autor estuvo en la Feria Internacional de Libro aquí en Uruguay. En ese entonces reseñé para la diaria el título y paralelamente le hice una entrevista escrita. La reseña finalmente salió pero la entrevista permaneció inédita hasta hoy. Así que aquí va, chiques. Sus respuestas siguen muy vigentes.


Hugo Mujica (1942) nació en Avellaneda. Es uno de los poetas argentinos más destacados de la actualidad y con amplio reconocimiento internacional. A los 19 años, y con tan solo 57 dólares en su bolsillo, se fue a Nueva York. Allí se instaló en el barrio de Greenwich Village en plena década del 60 y mantuvo contacto con varios artistas norteamericanos, entre ellos Timothy Leary (con quien trabajó y experimentó sobre los efectos del lsd en los procesos creativos) y Allen Ginsberg. A través de este conoció al swami Satchidananda, de quién fue discípulo. Realizó estudios de bellas artes, filosofía, teología, y luego de ingresar en un monasterio de la orden trapense, donde mantuvo un voto de silencio durante siete años, volvió a “nacer”, esta vez a la poesía. Fue así como dio a conocer, en 1983, su primer poemario: Brasa Blanca. A la fecha tiene más de una veintena de libros, entre poesía, ensayo y cuentos, sin contar las antologías que proliferan.     


G— ¿Qué impresiones te dejó la visita a la Feria Internacional del Libro?

H—Quedé con la impresión de una fiesta, la de la gente asistiendo a ella, para muchos amigándose con los libros, para otros reconociendo en ellos a viejos y nuevos amigos, pero para todos un puente, un encuentro. En lo personal, me refiero a la presentación de mi antología Otros bordes…, fue una alegría ver tantísima gente colmando la sala y estando tan receptiva a la lectura de mis poemas, valga la metáfora: se escuchaba el escuchar, y esa acogida fue para mí una celebración.

G— ¿La antología la preparó usted en conjunto con Martín Cerisola? ¿Cómo vivió el proceso? ¿Qué participación tuvo en él?

H—Martín Cerisola conoce harto bien mi obra, hasta ha escrito y editado en España un libro sobre ella, así que confié desde el inicio en su criterio. Luego yo también elegí algunos poemas, cambiamos opiniones y la antología se completó. Creo que el criterio general es captar poemas en los que se concentran varios. Uno va escribiendo en torno a una intuición y finalmente en un poema se anudan todos esos merodeos. Ser capaz de detectar cuáles son esos poemas, esas concentraciones, es el trabajo de quien prepara una antología, y creo que eso es lo que logró Martín con la mía.

G—Su Poesía Completa ya va por la sexta edición (Seix Barral), algo bastante inusual para un poeta, y estimulante, por cierto. Ahora bien, luego de la aparición de Y siempre después el viento (2011), cualquiera de sus lectores hubiese pensado que editaría un nuevo libro. Si bien en este se incorporan poemas inéditos y un postfacio suyo, ¿por qué decidió la aparición de este volumen, de algún modo “aislado”, y no de un libro totalmente nuevo?

H—Yo no lo llamaría “volumen aislado”, precisamente porque es una antología, es decir, un compendio de mi obra completa, que sirve además como introducción a ella, como degustación.  Aquellos lectores a quienes este libro le hable, que se sientan incluidos, supongo buscarán leer más y serán ellos los que se interesarán entonces en completar la lectura de mi obra. A otros, les bastará con el recorrido de este libro. Además, no es un libro para jugar con las palabras, sino contra el aislamiento, dado que por razones comerciales la poesía, su exportación y difusión, es bastante dificultosa, por no decir excepcional. Editando antologías en diferentes países se logra que el trabajo de uno sea accesible en cada país.

Efectivamente, después de Y siempre después el viento estoy en el umbral de editar un nuevo libro. En estos días me encuentro haciendo una gira por Italia presentando la traducción italiana de ese libro, E siempre dopo il vento. La semana entrante iré a Madrid y presentaré mi nuevo libro de poesía: Cuando todo calla (Ed. Visor), por el que me acaban de dar el premio Casa de América de Poesía Americana.  Pocos días después, también en Madrid, presentaré un nuevo volumen de mi Poesía Completa (2008-2011), a cargo de una editorial mexicana-española llamada Vaso Roto. Esta nueva edición, a diferencia de las de Seix Barral, incluye el libro de 2011. Esta publicación será seguida por otros dos títulos que saldrán durante 2014, con todos mis ensayos y narrativa escritos hasta la fecha.

G—A propósito del silencio y sus laberintos. Susan Sontag en el libro Estilos radicales, más precisamente en el ensayo “La estética del silencio” (1967) analiza las posturas contemporáneas (de aquel momento) sobre el abordaje o utilización del silencio por parte de los artistas, ya sea como recurso, poética, voluntad o truco, entre otras variantes. La autora señala algunas virtudes, pero también hay lugar para duras críticas con relación al uso de dicha estética. En este sentido apunta, tal vez con ironía: “Puesto que el artista no puede abrazar el silencio, literalmente, y seguir siendo artista, lo que revela la retórica del silencio es la determinación de preservar en su actividad en condiciones más tortuosas que las anteriores”. ¿Qué reflexiones le nacen sobre la cita, y con relación a su propio camino poético por los carriles de esa ruta “silenciosa”?

H—Pongámoslo así: para mí no se trata de ninguna “estética del silencio” ni tampoco de ninguna “retórica del silencio”. Yo viví siete años bajo voto de silencio. Cuando lo comencé nunca había escrito una palabra, luego de varios años de esa experiencia comencé a hacerlo. Comencé a escuchar y de esa escucha nací a la poesía, por tanto para mí el silencio era mi casa, el espacio dentro del que vivía y la tierra desde la que brotó la poesía, y es allí dentro donde sigo escribiendo. Insisto: no es retórica, es experiencia, respiración. Una vez escribí: “en el silencio el silencio habla”. No hay tanto que decir sobre el silencio, hay sí que escucharlo, dejarlo hablar.
El hecho que importa es si el silencio está o no está en la poesía que uno escribe. Si está, porque desde él brotaron las apalabras, entonces en esas palabras, en esa poesía, se da a escuchar.

Se usa mucho la frase “tener voz propia” en la poesía, pero yo creo que hay otra que la precede y condiciona: “tener silencio propio”, es decir, saber que al decir le precede el escuchar, el acoger. Saber en definitiva que no es la voz del poeta sino la de la poesía la que se tiene que escuchar y para ello, paradójica y fecundamente, el poeta tiene que callar. Nunca separo la palabra del silencio o a este de la palabra. Allí y en todo, es el mismo movimiento de la vida, del cosmos, sin antinomia ni separación: escuchar el silencio y respirarlo en el decir. Eso sí, el silencio en primer lugar. Cuando nacemos primero podemos escuchar y por ello la comunidad nos da, nos entrega el lenguaje, pero lo originario es la escucha, el hablarlo es su después.

G—He visto que, al menos en esta antología, las señales o referencias a la música, están ausentes. ¿Qué lugar ocupa la música en su poesía, más allá de la tranquilidad rítmica de su verso? Me refiero a la música fuera del verso, y que a la vez le sirve de partitura para escribir.

H—La música es el tono anímico desde el que escribo, ella me da la nota, a ella me entono. Y en este momento pienso en los compases iniciales de las Variaciones Goldberg que tantas veces al levantarme escucho como sonoro amanecer, como la manera en que quiero resonar y comenzar yo mismo ese y cada nuevo día. No solo Bach, Schubert, jazz, tango, Bob Dylan y Tom Waits para nombrar algunos pocos amores. Pero la música no es lo  único sobre mi escritorio. Desde hace muchísimos años tengo siempre abierto un libro con reproducciones de las pinturas Giorgio Morandi, y lo tengo porque aspiro a escribir como  él pintaba. Morandi es para mí un maestro más directo que cualquier otro escritor. Es más, por años tenia enmarcada una de sus pinturas y la tenía como inspiración no de escritura sino de vida, de esencialidad, de la belleza desnuda, valga la redundancia.

G—Allen Ginsberg. ¿Qué evoca ese nombre en su mente hoy? ¿Es un Aullido que siempre está presente?

H—Sí. Howl, su poema —tan entrañable como compasivo, cuadro de una generación lacerada— sigue resonando, aullando, porque cada generación carga con una cuota de marginados, de castigados, y porque poéticamente tiene una energía vital que no se extingue. Dice más ese poema que diez libros de sociología y, además de decirlo, lo abraza.

G— ¿Qué le dice a los poetas jóvenes que se le acercan?

H—Que se preocupen por escribir, no por publicar. Y que si en verdad la poesía es para ellos una pasión, una verdadera pasión, no necesitan que yo les diga nada. Ellos sabrán escucharla.


Datos:

Otros bordes, otras luces. Antología poética, de Hugo Mujica. Edición y prólogo de Martín Cerisola. Postfacio del autor. Ed. Hum, Montevideo, 2013, 160 págs.

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