Literatura en pixeles

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Uno de los mejores ciclos documentales-biográficos sobre escritores que vi en mi vida se llamaba Ciudad Natal. No exagero, gustos son gustos. Lo pasaban en el cable, en el “Canal á” de Argentina, cuando por estos lares campeaba la crisis del 2002. Pero la nota que sigue en realidad la escribí hace mil años para El Boule y no trata sobre aquel ciclo argentino de documentales, sino sobre qué pasaba acá en Uruguay con los documentales que involucran a escritores.

 

 

Escritores ante la pantalla

Sí, aquellas eran épocas para estar encerrado en una realidad paralela y ver documentales, o salir, asumir el presente y tirarse por el balcón. Recuerdo que Ciudad Natal era un programa cuya producción general estaba a cargo de Eliseo Alvarez (guionista, director y productor) y la cosa era más o menos así: en los 52 minutos que duraba cada entrega, recorrían la biografía de una figura destacada de la cultura universal, transitando los momentos claves de su vida y obra a través de imágenes, audios y testimonios (de familiares, de amigos y también aportando la opinión especializada de profesores y académicos, dependiendo del caso). La artesanía del montaje, por momentos, era muy poética, y la inconfundible voz en off de la “Turca” Verónica Najmias, era una de esas cosas que se te graban en el marote para siempre.

Durante las tres temporadas que llegaron a emitirse (de las cuales tengo noticia), desfilaron escritores como: Conan Doyle, Fitzgerald, Capote, Hemingway, Faulkner, García Lorca, Borges, Quiroga, Storni, Bioy Casares, Cortázar, Mujica Láinez y hasta tuvo su lugar el novelista polaco Gombrowicz. Pero el ciclo también abarcaba otras disciplinas, y así te encontrabas con documentales sobre Hitchcock, Wells, Lang, Einsenstein, Fellini y Buñuel, para el caso del cine, o bien, con alguno de Dalí, Picasso, Klimt, Goya, Munch, Rembrandt o Arcimboldo, para la pintura o las artes plásticas. Si todavía no estabas empachado, de yapa metían alguno sobre artistas de la música, por ejemplo Gerschwin, Armstrong, Charlie Parker, Julio Sosa, Atahualpa Yupanqui, Goyeneche y Gardel. Todos tuvieron una Ciudad Natal. Y eso que sólo nombro a los más conocidos en cada rubro.

Pero ojo, más allá de esta evocación nostálgica, la nota que sigue en realidad no trata sobre aquel ciclo argentino de documentales, sino sobre qué pasa acá en Uruguay con los documentales que involucran a escritores. Hace unos años tres estudiantes avanzados de la Licenciatura en Letras (de FHCE): Felipe Correa, Noelia Farías y Vanessa Milla Deccia, se preguntaban lo mismo, y en 2011 fueron apoyados por la CSIC [Comisión sectorial de investigación científica] para llevar a cabo su proyecto de investigación: “Entre la ficción y el mundo: el escritor. Primeros pasos para un estudio de la construcción documental alrededor de escritores uruguayos”, que ya finalizaron.

Quiénes / Cuándo / Por qué

En el resumen o abstract del proyecto, los investigadores consignaron sus inquietudes y propósitos: “¿Qué escritores retratan los documentales biográficos uruguayos? ¿Quiénes son elegidos como representantes de los ‘hacedores de literatura’? ¿Cómo se crea el escritor como sujeto social para el ‘gran público’? Estas preguntas nos motivaron a lo largo de 2011 a investigar sobre qué escritores se ha decidido hacer documentales y cuáles se han dejado afuera (…), quiénes los realizan y qué los mueve a realizarlos”. En otras palabras, se plantearon como objetivo dar cuenta del estado de situación de los documentales nacionales sobre escritores uruguayos. Claro, dicho así suena fabuloso, pero tuvieron varias dificultades en el camino, según expresan en el informe entregado a la Comisión. Algunas de ellas fueron la escasa bibliografía específica sobre el documental biográfico; las trabas burocráticas a la hora de acceder al material para verlo o confirmar su existencia; la inaccesibilidad para consultar algunos documentales por no existir copias o encontrarse en diversos formatos de reproducción, entre otras piedritas en el camino.

Luego del relevamiento y estudio bibliográfico sobre el tema (fuentes, archivos, bibliotecas, catálogos, webs y otros motores de búsqueda), Felipe y su equipo fueron “visionando”, es decir, viendo los documentales especialmente desde un punto de vista técnico o crítico, a medida que los conseguían. Se reunían en la casa de una de las integrantes una vez por semana y allí analizaban y debatían sobre cada uno. “En gran parte de los materiales que consultamos el ‘Yo’ ―realizador―, intenta la mayor mimetización posible con ‘él’ ―escritor―. Hacer un documental sobre un muerto es análogo con intentar una traducción sin poder tener el texto original, por ello se pretende apegarse lo más posible al contexto en que el texto ―la figura del escritor― surgió. Con respecto a la selección de figuras (escritores), descubrimos una distribución en el terreno no canónico tanto o mayor que en el terreno canónico”, explican.

Para dar con el material golpearon muchas puertas: el Archivo de Tv Ciudad (la mayoría de los documentales recientes están allí), el Archivo de Cinemateca Uruguaya (que queda en el Km 16 de la Ruta 8 y donde consultaron piezas no encontradas en otros acervos), el Video del Cordón 44 (hoy en día ya cerrado), el Archivo de la APLU (Asociación de Profesores de Literatura del Uruguay), la Biblioteca de la Universidad Católica, material colgado en youtube y en la plataforma vimeo y, por último, el contacto personal con realizadores. Es que en la peinada del trabajo de campo también incluyeron entrevistas, por ejemplo a Mario Jacob (Idea, y El escritor de Toledo), a Ana Magnabosco y Juan Carlos Rodríguez (Anderssen Banchero un escritor (casi) desconocido, que recibió fondos de la Fundación Mario Benedetti), a Juan Pablo Pedemonte (Los pájaros ocultos) y a Elvio Gandolfo, conductor y realizador de entrevistas en Los libros y el viento.

Luz, cámara… pasar raya

En cuanto a los resultados obtenidos, nos cuentan: “Nuestro objetivo inicial era trazar diferentes líneas que dieran cuenta de la forma de construir al escritor como objeto social para el gran público. No pudimos llegar hasta ese estadio de la investigación porque para ello necesitamos una infraestructura de información que a lo largo de este año hemos ido construyendo” (…) “adquirimos conocimiento sobre documentales antiguos y recientes que desconocíamos, aunque no tuvimos acceso a todos. Por supuesto es probable que varios hayan escapado de nuestro relevamiento (por ejemplo, hay documentales en el MEC de los cuáles no logramos mayor información). Asimismo, consideramos la construcción del ‘Catálogo de documentales uruguayos sobre escritores uruguayos (1910-2012)’ un resultado secundario de gran importancia”.

Documentales a los que accedieron: Juan Carlos Onetti: un escritor (1973), País verde y herido (1979), Trece años y un día (1985), Horacio Quiroga: entre personas y personajes (1987), Onetti, retrato de un escritor (1989), Idea (1996), Palabras verdaderas (2004), Susana Soca: ¿la demente? (2005), Jamás leí a Onetti (2009) y Anderssen Banchero un escritor (casi) desconocido (2011).

Ciclos: Los pájaros ocultos (2011-2013). Especiales de Tv Ciudad: Escritores, Juan Cunha (2001), Francisco ‘Paco’ Espínola (2001), El escritor de Toledo (2002), Humberto Megget, poeta uruguayo (2006), Los libros y el viento (2006), Escritores en la ciudad (2006). No tuvieron acceso a los documentales: Torre de los Panoramas (1975) y Retrato de Mario Arregui (1985).

Al separar la paja del trigo entre los diversos documentales, en cada uno existe –lógicamente– la impronta personal del realizador, una estética propia que también lo hace desmarcase del resto. Así, el registro audiovisual oscila entre “una entrevista vestida con imágenes o varias entrevistas articuladas, hasta la creación de ficciones que marcan un hilo narrativo (…). Es una forma de leer las diferentes estéticas que se desarrollan en las producciones, recordando siempre que la estética del documental es parte de su retórica (es decir, una persuasión para lograr una inmersión en la figura del escritor)”, según las observaciones del grupo. Por otra parte, tomaron en cuenta la motivación personal de los realizadores, “que puede ser más ‘introvertida’ (un capricho, un contrato de trabajo, un enamoramiento con la obra de algún escritor), o algo circunscrito que no busca un movimiento hacia el público (más allá del implicado en toda producción audiovisual)”. También verificaron que con algunos documentales se opta a veces por buscar un efecto “trascendente” específico sobre el público, en este caso: “acercarlo a la literatura de tal o cual escritor, o a la literatura toda”. El catálogo de documentales uruguayos sobre escritores uruguayos está completo, y se confeccionó, a su vez, un catálogo digital de los materiales consultados. Para visualizar el afiche del proyecto y su descripción completa se puede ingresar aquí.

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Un caso: Los pájaros ocultos (2011-2013)

Juan Pablo Pedemonte (1981) es el realizador de uno de los pocos ciclos documentales sobre artistas nacionales generados en nuestro país. Con un total de ocho producciones bajo el sugerente título de Los pájaros ocultos (en cuya bandada el espectador podrá reconocer las plumas de Marosa di Giorgio, José Parrilla y Pedro Piccatto, entre otros), Pedemonte aportó su granito de arena en la ampliación del patrimonio cultural en el campo audiovisual. “Terminé la Licenciatura en Comunicación y luego me metí en el terreno de la publicidad. Me dí cuenta que no iba mucho con mi piel y entonces quise independizarme. Siempre traté de no entrar en relaciones de subordinación y de acatar y de que yo fuera el mamotreto de un mandamás. Igual nunca sos independiente, simplemente trato de buscarle la vuelta para hacer las cosas que realmente quiero. Tuve la posibilidad de abrir un garage y con un socio pusimos un estudio”. Así nacieron dos marcas desde las cuales trabaja: Minimal y Tremendo films. Hoy la realidad es distinta, su socio se abrió en 2010 y él siguió solo con las dos. Minimal funciona básicamente para hacer castings de publicidad (que es una salida comercial y económica), y Tremendo la utiliza para desarrollar cosas que le interesan y filmar proyectos personales, como el de los documentales.

 En cuanto a estos, “lo que traté de propender, desde siempre, fue encontrar un colectivo donde haya afinidades, esa cosa contertúlica donde se dan algunos patrones de comunicación que están en otro grado diferente de lo que es el lobby”. De esa manera fue configurando un grupo selecto de artistas para enfocar el lente. Yo enfoco el mío, lo miro mientras revuelve parsimonioso el café, observo que su living está lleno de objetos transformados: un monitor de pc convertido en maceta, un baúl de madera restaurada que le sirve de rack, y luego le pregunto: ¿cuándo empezaste a interesarte por hacer estos documentales? “Desde el momento que dije: tengo una cámara, me gusta la poesía, conozco gente que vale la pena difundir, escuchar y recomendar y que uno la ve marginada. Me metí en los documentales porque me quería meter en la vida de los tipos que admiraba, por una razón o por otra. Era la única forma de entrar a la casa, de compartir cafés, hablar de la vida y ser amigos”.

Largo aliento

En 2011 presentó el proyecto a los Fondos concursables para la Cultura que otorga el MEC y ganó en la categoría “Memoria y tradiciones”. “Presenté dos documentales, el de Jorge Meretta y el de José Parrilla y dije que quería hacer seis más y para eso pedí la financiación. Luego que gané me volví loco, tendría que haber ido a un psicólogo, porque lo hice casi todo solo. Arranqué en noviembre de 2011 y terminarlos me llevó dos años. Y no los terminé en realidad (en mi cabeza no están terminados). Prometí versiones más cortas de cada documental (30 minutos) pero terminé en versiones de más de una hora en algunos casos. Ahí te das cuenta que no fue por sacarme laburo de arriba, sino que laburé de más, porque sentía que no era justo con tal o cual sino entrevistaba a tal o a cual, y decidir por qué uno sí y otro no, etc. A veces tenés que decir: tengo que ser justo con todos, pero si soy justo con todos, no soy justo con el espectador. Y creo que en algunos casos no fui justo con el espectador, porque le di un mazazo de información. Me metí en un lugar que conspiraba contra mí mismo como realizador, donde era muy difícil sentirse satisfecho”.

Y es cierto, Juan Pablo es muy crítico con su propio trabajo, o mejor dicho, muy exigente. Esto parece traducirse en algunos de sus gestos, el seño fruncido más de la cuenta, el tono parco de su voz, hacen que uno le quiera preguntar si en realidad está enojado por algo. Fuera de chanzas, por su bajo perfil cualquiera se da cuenta que Juan le esquiva a las luces. “Cuando uno exhibe algo se está exhibiendo a uno mismo, y yo muchas veces no lo hago hasta no estar conforme con el trabajo. Nunca me proyecté ninguna luz [con los documentales]. Lo bueno es eso. Los hice y chau, nunca tuve ninguna pretensión más allá, entonces todo lo que viene en cuanto a la buena recepción del público y los involucrados es una sorpresa. Los presenté porque los tenía que mostrar porque es necesario difundir autores. Pero no es lo que quisiera mostrar si me quiero mostrar como artista. Soy mucho más reservado, y prefiero trabajar bien y no presentarlo con bombos y platillos”.

Como parte de los compromisos asumidos por ganar los fondos, se estipuló una página web del proyecto: lospajarosocultos, y allí están las fichas técnicas de cada documental y una breve reseña de cada autor, además de todos los documentales completos para ver.  “Una de las ideas principales era que si alguien quería ver la biografía de alguno de estos artistas, más allá de un libro con la biografía, podía verla en un documental. Pero creo que con ciertos autores no lo logré, porque uno sabe que son para “pocos”. Son autores diferentes, artistas distintos que no les interesaba tanto la exposición, sino que trabajaban en su propia catacumba. Vuelan a una altura diferente que el resto de los pájaros. No quería hacer algo hermético que no le pudiera entrar a nadie, pero tampoco me interesaba hacer algo populoide. Hay que tranzar. Igual la idea es adaptarlos, seguir trabajando la serie, acortarlos más  (24 minutos) y hacer un ciclo para la televisión”.

Materia sensible

Hay poesía en estos documentales, no por haber elegido a algunos poetas para biografiar, sino en el tratamiento de los temas, en la música, en la porosidad de las imágenes. Para Juan, “en el lenguaje visual y auditivo, en el apoyo de la música y de las tomas, se reúnen una cantidad de artes que están por encima de la parte escritural. Esos factores hacen del audiovisual un arte en sí mismo”, y esa concepción se ve reflejada en toda su propuesta. Claro que, como en el equipo de Felipe, tuvo que lidiar con inconvenientes, pero de otra índole: “Para empezar no le podía decir al entrevistador: che, por qué no te subís a este barco mientras yo te filmo y vamos por el río, te metés con la naturaleza… No. Porque el tipo de repente es un intelectual que te está dando tiempo de sus horas libres y uno lo está invadiendo, además no le estás pagando, entonces tenés que acomodarte donde sea más cómodo para él y ahí filmarlo”.

Con el documental sobre Pedro Piccatto tuvo que repetir tomas y entrevistas, porque se le quemó un disco y quedó insalvable. Ahí también perdió todos los originales de los de Parrilla y Marosa. Suerte que había hecho una copia de una versión final de esos pero, por su cara al contármelo, fue un momento feo. También perdió todas las fotos del proceso con Meretta que se sacaron juntos. “Eso fue lo que más me dolió”.

Con cada autor tuvo una relación “estrecha”, de una manera o de otra. En el caso  de Jorge Meretta fue el primero que filmó, “conocerlo, ir a la casa, fue como decir, pah, a este tipo lo tengo que filmar y desde ahí se dio todo naturalmente. Porque cuando conocés al autor, conocés más su obra y esta se resignifica”. En el caso de Estrázulas fue un poco distinto: “A mi me gustaba mucho alguna parte de su poesía porque había una cosa portuaria, gris, una paleta muy montevideana que rescató como pocos, y además yo sabía que él era un trotamundos, lleno de historias y leyendas y lugares y amigos y sabía que iba a enriquecer. Era un testimonio que había que grabarlo, porque no cualquiera se sienta con Cortázar en un café porque lo llamó por favor para juntarse con él”. “Es un autor que estuvo ahí, metido en los caldos, y a mi lo que me mueve más es la intriga, la inquietud de saber cómo hizo este hombre para meterse en la vida de estos tipos (Borges, Onetti, Benedetti, Zitarrosa y tantos más) y qué pasó, qué le trasmitieron”.

La vida en vida

El de Marosa fue el tercero y le llevó más tiempo que los demás, porque entrevistó a doce personas, por lo menos, y hubo un viaje a Salto. Por otra parte, “el caso de José Parrilla es para hacer una película, porque es impresionante su vida. Las hermanas fueron a la presentación de su documental (ciclo que recientemente tuvo lugar en el café de la diaria), y cada vez que lo ven lloran y te cuentan tantas cosas que el homenaje a Parrilla fue divino solo por tenerlas a ellas presente”.

Uno de los aprendizajes que tuvo Juan con la realización de los documentales fue que es mejor aprovechar a las personas que están vivas. A propósito comenta: “Hay que investigar con responsabilidad, porque muchas son historias que se van formando con conocimiento y con el recuerdo de lo que dijeron los demás. Hay gente que habla empíricamente porque estuvo con ellos y otros porque alguien les contó y pueden trastocar el cuento. Es imposible captar el color de un autor sin el autor mismo. Podés hacer un paisaje pero siempre hay alguien que matiza mal y se le pincela para otro lado. Además, generás un vínculo con el otro y cuando se da un buen canal empático él autor se abre y te permite hacer cosas que, vistas desde afuera, no te animabas a planteárselas”.

Cuando ambos miramos el reloj, nos damos cuenta de que han pasado tres horas desde que empezamos a conversar. Me había escabullido en su recinto con la típica “no quiero robarte mucho tiempo”, pero mentí. Me da tiempo para arrancarle una impresión más sobre lo que le dejó la experiencia de construir este ciclo documental: “Necesitaba mojarme en el asunto, meterme en el barro, sacarme un poco el miedo, y hasta que no te tirás no sabés cómo es. Quería entrar con el autor a su poética, tratar como realizador de capturar eso y trasladarlo a la pantalla. Y para hacerlo tiene que estar involucrada la poética visual con la poética literaria, porque yo trabajo con la materia espiritualizada”.


Los pájaros ocultos [hacé clic aquí para ver todos]

“Jorge Meretta. La magia evolucionada” (2011)

“José Parrilla. El profesor de amor” (2011)
“Marosa Di Giorgio. El ruedo en flor” (2012)
“Miguel Ángel Tosi. Pinturas de la mente” (2012)

“Álvaro Figueredo. Las otrísimas luces del yo” (2013)

“Pedro Piccatto. El ángel anticipado” (2013)
“Enrique Estrázulas. Emisario del mar” (2013)
“Clever Lara. La luz insólita” (2013)

 

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