Polifónica Samantha

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http://www.samanthanavarro.com

La revista mensual Lento de la diaria sale desde abril de 2013 y siempre estuvo pensada para leerse con tiempo cuando hay tiempo. Capaz que hoy hay menos tiempo que hace cuatro años pero en su momento escribí algunas notas para la sección Pamento que disfruté mucho. Espero volver con algo este año pero mientras tanto aquí está la primera de aquel entonces. Una especie de entrevista que le hice a la capa de Samantha Navarro que me recibió en su casa.

 

Componiendo textos

Samantha Navarro (Montevideo, 1971) es cantante y compositora, pero sobre todo, es una artista múltiple. Este año cumple 25 años de trayectoria en el mundo de la música, espacio conquistado a base de talento, y en parte, gracias a su registro vocal que la vuelve inconfundible entre sus pares, además de los rulos característicos que se forman en su cabellera, que siempre dan que hablar.

No le pregunto por el pelo. Le pregunto si está podrida de las entrevistas y si le hicieron muchas a lo largo de su carrera. Y responde naturalmente: “sí, miles, de cualquier cosa me han preguntado. Y yo soy tan papa frita que siempre respondo”. Sus ojos chispean cada vez que se concentra al hablar, principalmente cuando cita los dichos de su abuelo, que era fanático de Groucho Marx. Tanto la risa espontánea como el chiste sutil son rasgos que en Samantha propician una manera diferente de dialogar con seriedad. Lleva cinco discos como solista. El primero, “Samantha Navarro”, data de 1996 y el más reciente es “Saltar al tiempo deseado”, de 2015. En el recorrido que dista entre uno y otro se colaron proyectos colectivos que se conectan con toda su obra. Una obra en permanente movimiento.

¿Con tantos proyectos, cómo haces para organizarte? “Tengo un cerebro exterior [me muestra la agenda]. Mirá. Es muy fácil en realidad. El swing es que no se te superpongan las cosas. Si se te superponen, te estresás. Tenés que hacer como una secuencia”. En esta pista de secuencias, Samantha encuentra la brecha para involucrarse. Pero esto no fue de la noche a la mañana. La adaptación le costó más de un dolor de cabeza. “Una vez que decidiste que no vas a hacer las ocho horas, tenés que encontrarle la vuelta, y siempre te muerde la duda, ¿alguien me escucha?, ¿a alguien le importa? Durante mucho tiempo traté de adaptarme, lacearme el pelo, encajar, y llegó un momento en el que me di cuenta: no Sama, lo que hay que hacer es aceptarse”. Ahora le va bárbaro y se mueve en distintos ambientes, “tengo el honor de que me inviten a cosas re copadas, pero también yo le busco la onda, porque no vale quedarse quieta”, me dice mientras mira un punto fijo en la habitación, del cual pronto regresa.

Dulce trovar

Su banda “La Dulce” (con quien grabó 2 discos, “La Dulce en vivo”, 2004, y “Sed”, 2008) es complicada: “porque somos un montón, y como todas trabajamos en varias cosas a la vez, coordinar un ensayo es un triunfo”. Algo menos caótico pero igual de intenso sucede con “Trovalina”. Se trata de una conjunción musical entre Rossana Taddei, Eli-u Pena y la propia Samantha. Cada una convocó a un músico “consorte” para que la acompañara. Eli-u llevó a Antonino Restuccia, Rossana a Gustavo Echenique y Samantha a Danilo Pérez. “Hacemos repertorio de las tres, y las tres aportamos a la parte creativa del show que consta de 24 canciones, 8 de Eli-u [que son versiones de las de su padre, El Príncipe], 8 de Rossana y 8 mías”. Para ella este tipo de proyectos tienen que ver con un mecanismo evolutivo, un proceso simbiótico y de cooperación entre afinidades que se dan o no, de ahí que “logramos rápidamente encontrar una buena energía entre nosotras”. En 2012 hicieron un show en El Galpón al ganar los Fondos de Apoyo al Fortalecimiento de Instituciones Artísticas (MEC) “que, dicho sea de paso, está buenísimo, porque es muy difícil bancar un show”. Era la primera vez que se presentaban y pudieron grabar en multipista el recital debido al trabajo de Santiago Montoro, “y desde ahí pudimos trabajar mejor el sonido”. El recital grabado en vivo luego se transformó en el primer disco de la banda, pese a que vio la luz recién en 2015.

 

La poesía llega más por el lado de la música

Con el disco “Poemas” (2002) logró plasmar parte de sus lazos emocionales con la poesía. En aquel lejano álbum musicalizó textos de Alfonsina Storni, Julio Herrera y Reissig y Roberto Juarroz, entre otros [me tomé la libertad de algunos de este disco para la playlist que tienen al final de la nota]. “Los poemas me buscan. Son canciones, porque el poema ya tiene la música adentro, entonces es solo encontrar el acorde. Lo grabamos acá en mi casa con Paio Robles, y tenía una estructura bastante ceremonial. Además, yo me estaba separando de mi ex pareja y entonces grabé esto como un regalo de separación”. El disco le dio grandes satisfacciones “pero me pasó que nunca lo pude presentar”. Y eso se mantiene hasta hoy. A propósito, el tema de las ventas es algo que siempre le preocupó: “Para mí es muy difícil [no solo con relación a sus discos o libros], porque tenés que aprender la mejor manera de vender lo tuyo. Vengo de una familia donde mi madre es vendedora y es buenísima, tengo un padre vendedor y es buenísimo, y entonces yo tengo que ser buenísima. ¡Minga! [dice, cerrando el puño y provocando con sus rulos una especie de movimiento arbóreo], eso no se trasmite genéticamente. Es un problema que siempre he tenido”.

Con relación a “Santuario” (2011), segundo disco donde trabaja con la musicalización de poemas, dice: “Fue un proceso largo. Nos conocimos con [Alejandro] Tuana a raíz de la mezcla del “en vivo” de “La Dulce” (2004). Y desde allí empezamos a mostrarnos los temas y fuimos madurando la idea de hacer un disco doble. (…) En 2006 nos fuimos a Villa Serrana con un grupo divino y estuvimos una semana trabajando. La música la hicimos entre los dos”. El proyecto fue apoyado por Yaugurú a través de su sistema de suscriptores y también con el arte del disco, y bajo este sello se editó. Pese a que en 2007 el disco ya estaba mezclado, el grupo hizo una pausa a raíz de la aparición en escena del disco de Samantha con “La Dulce” (“Sed”), y no pudieron presentarlo. “Es muy complicado hacer muchas cosas. Finalmente lo presentamos en Guambia (2011), y después hicimos una mini gira con tres toques por el este del país”. Con respecto a los textos, son de Luis Bravo, Gabriel Richieri y Alejandro Tuana, y también participa Samantha con sus letras. “No es un estilo que esté de moda en un momento y que después va a ser viejo, es un sonido bastante atemporal el que tiene este disco”.

Benedetti multiplicado 

Su trabajo más reciente en esta rama fueron los dos poemas de Mario Benedetti que musicalizó para el disco “Barnasants canta Benedetti” (2012, Barcelona-Montevideo) cuyo diseño es de lujo, con postales ilustradas con los textos y un estuche de artesanía fina. Elaborados específicamente para la ocasión, los dos poemas que eligió Samantha fueron “Socorro y nadie” y “Piedritas en la ventana”. También integran este álbum Ana Prada, Rossana Taddei, Daniel Drexler, Daniel Viglietti y Diego Kuropatwa. Cada artista colaboró con dos textos musicalizados del poeta uruguayo y el año pasado presentaron el disco en Montevideo, en una gran donde asistieron cantautores de Barcelona. El proyecto fue impulsado por el ayuntamiento de dicha ciudad con el apoyo de la Fundación Mario Benedetti en Uruguay, Agadu, y otras empresas nacionales.

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Cancionero rosado

Samantha escribe a mano, aunque para todo tiene un soporte digital. En 2009 publicó un libro que, si uno anda medio despistado, puede confundirlo con uno de poemas, pero no lo es. Se trata de Sapo de otro pozo, donde recoge algunas canciones. ¿Por qué te interesó reunir canciones y no poemas? “Bueno, no fue una idea mía. La idea original fue de Virginia Lucas, que quería hacer un libro con las letras de canciones que se pudieran “letralizar”. Pero el proyecto quedó en pausa hasta que apareció la editorial Estuario y le propuso hacer algo “más gordito, y ahí se me ocurrió incluir “Las aventura de la capitana Ivrik en el mar de Ero”, un cuento que en realidad es un ejercicio, y también sumé el “Pequeño manual de autoayuda para cantautoras”. Para ella es un libro como para leer en el baño, aunque su elaboración implicó un mirar hacia atrás mucho más interesante de lo que cree. Pero, ¿desde dónde buscó? “Traté de elegir desde el texto. Y en realidad elegí mucho más pero corté, porque confío mucho en el criterio colectivo y tengo mis asesores”. Así se entienden mejor las palabras finales del volumen, donde Samantha agradece la ayuda/lectura de Ana Prada y Alejandro Ferreiro, entre otros, y claro, la impecable contratapa escrita por Fernando Cabrera.

Otra veta, la nouvelle

Sobre su formación universitaria, explica: “Estudié Química en la facultad durante algunos años y de hecho estoy a un examen de ser bachiller en Ciencias Básicas. Pero igual tengo un título: soy Sommelier profesional”. Samantha cuenta que tuvo momentos donde precisaba anestesiarse, y para hacerlo se puso a estudiar cosas rarísimas, como Mecánica cuántica o Cristalografía. “Claro, yo tuve durante mucho tiempo la sensación de que mi vida era una equivocación, cosa que a mucha gente le pasa. Pero luego descubrí la terapia, que es bárbara. Nunca pensé que me iba a dedicar a ser laboratorista. Estudié eso porque me encantaba la ciencia. Eso sí, me veía como escritora de revista científica o de ciencia ficción”.

Y tiene mucho que ver, porque desde hace un tiempo Samantha trabaja en dos proyectos de nouvelles que de alguna manera integran lo científico. “Uno que ya lo terminé pero está sin corregir, y que se llama Antina. Y el otro no está escrito, pero se trata de una “Comedia de fricción”, cuyo personaje principal será una estrella porno que vive en “Moontevideo”. Desde siempre escribió ficciones personales, ya que durante mucho tiempo llevó un diario “que era como una sucesión de repeticiones y de obsesiones domésticas, de las cuales uno se va limpiando. Hasta que llegó un momento en que quise escribir un texto literario”. Su idea es hacer tres nouvelles, y la extensión es un cuaderno de 48 hojas para cada una, aunque siempre hace trampa y escribe sobre las tapas.

La poesía atraviesa toda su obra, en su manera de componer y de escribir, sin embargo apunta: “nunca hice un libro de poesía”. Insiste en que cuando comienza a escribir, lo que sería un “poema” rápidamente se va configurando en otra cosa y le pone música hasta pintarlo de canción. Es así que aparece entonces una zona compartida donde Samantha piensa en la escritura: “siempre pienso poéticamente desde la escritura, pero no tengo poesía escrita, porque para mí “lo poético” es como el corazón de lo que hago, y mis canciones tienen esa característica: están todas espolvoreadas y rellenas de poesía”.

 

Una pequeña selección personal de lo que hay en spoty (que no es todo) 🙂

 

 

 

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